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11 de noviembre de 2010

A RAYA LOS COME EN MORTUORIOS....

      FUNERARIAS MUNICIPALES ALEJAN  ¨¨COMELOCRIOS¨
                   POR
                        REYNALDO HERNANDEZ  ROSA
                         HOSTOS,  DUARTE.-
                Con   la  instalación  de  funerarias   en  los  diferentes municipios construidas  por   los  ayuntamientos, han  desaparecidos  los  ¨¨asaltantes  a velorios¨¨, los cuales desangraban  a los  deudos  con sus comitivas hambrientas que  tomaban las  viviendas  donde  fallecia uno de sus  miembros.
                 Las  funerarias  municipales  han  salvado  a los  mas  pobres  de  incurrir  en gastos enormes, ajenos a sus bolsillos,   dado  que , con la muerte  de un familiar  de manera  sorpresiva les  lleva a la búsqueda  urgente  de  un presupuesto  extra  para adelgazar a los  ¨¨jartones¨¨  que acuden  a los  velorios sólo  a  engullir  las comidas  que  allí  se sirven.
                Es  tradición en los  campos  del país  velar  a los  difuntos  en las  viviendas, hoy desapareciendo,  donde  para tal evento se  sacrifican cerdos,  vacas y comida abundante, en los hogares de mayor poder  adquisitivo, empero,  en  las  casas  de escasos  recursos,  la carne  de pollo,  regularmente a crédito,  es  la  base  de los  almuerzos  que se  sirven,  los  cuales  son  invadidos  por hordas  de  ¨¨asaltantes  de  velorios¨¨  o  comensales con  hambruna africana.
               Se  conoce la  práctica  en  que  incurren  decenas  de  motoconchistas, pitrincheros,  vagos, así  como  grupos  organizados  para  invadir los velatorios,  cuyo  fin  es  demostrar la capacidad estomacal con varios  platos  de los  servidos en  las  honras  fúnebres.
                 La  modalidad no varía  entre  los asaltantes  de velorios. Llegan  en manadas, todos  como si   conocieran  al  difunto, se acercan  a los deudos  dando  su correspondiente pésame, para luego pasar  a  dar  rienda sueltas al  caudal de anécdotas y cuentos en la espera  del  almuerzo.
                   Incluso, se inventan  hazañas  que vivieron  con  el  fallecido,  donde primero  indagan el estilo de vida  que llevaba, para  asi  ser coprotagonista de  las  correrías  con  éste.  Si  el  difunto vivió  en los  Estados  Unidos, llegan  al extremo de  relatar hechos  que  supuestamente  hicieron juntos,  pese  a  que  nunca han salido de la  provincia  Duarte.
                   Pese  a que  son los  más  notorios  en los  velorios,  ya  que se ubican lo mas  cercano  posible  a  la cocina, sus historias  y  chistes  obligan a los  demás   visitantes a tomar parte  de los  circunspectos  análisis  que  estos inician.
                 Empero,  tan  pronto  hacen la ingesta correspondiente, llevándose una  muestra,  como  por  arte  de magia  se marchan porque  van lejos,  sin antes  recordarle a los deudos  lo  mucho  que  adoraban  al fallecido,  expresando  que  estarían presente  en la  vela,  ya que  el difunto cumplía con todos  ellos en  iguales  circunstancia.
                Las  funerarias municipales, sin dudas,  han  cumplido un doble  rol  dentro  de la  familia  en las distintas  comunidades: tener un  espacio donde valar  a sus  muertos,  el  otro,  alejar para   siempre  a la  caterva  de  comensales  que  aprovechan el dolor  ajeno  para adelgazar la  vaciedad  de sus  vientres.

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