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14 de enero de 2011

OPINION INVITADA.....






EL ELITISMO TECNOCRATICO Y LOS  APUROS  DEL PLD….. 
 Por
Haroldo Dilla Alfonso

Cuando hace ya cerca de treinta años comencé mis contactos con la sociedad dominicana, una de las discusiones políticas más usuales era acerca del carácter del entonces pequeño y sobrio PLD. Unos decían, en particular sus miembros más instruídos y con vocación social, que era un partido de izquierda adaptado a las circunstancias dominicanas, sin más clases sociales que los hijos de machepa y los tutumpotes. Y para fundamentar mostraban sus posiciones internacionales antimperialistas y su credo moralista. Otros, ubicados en todo el espectro de la izquierda política e intelectual, opinaban que no era un partido de izquierda, sino una nueva derecha (al menos un centro político) emergente y cuya principal concesión al sistema era la carencia de un programa social.

Entonces yo pensaba que el PLD no era un partido de izquierda, sino un partido heterogéneo, cobijado bajo la fuerte personalidad de Juan Bosch, pero que tenía fuerzas de izquierda que podrían en algún momento mover al partido en esa dirección. Fue un cálculo equivocado.  En verdad nunca pude imaginar que el PLD llegara ser el nuevo baluarte de la derecha nacional, un engendro producto de la convergencia de los sectores conservadores tradicionales (el PLD, ha dicho el presidente Fernandez, es tan boschista como “Vinchista”),  de los poderes fácticos más retrógrados y de la nueva derecha tecnocrática que ha hecho fortuna –económica y política- en lo que ya van a ser los 12 años morados. Y donde la izquierda es cada vez más intrascendente, más un adorno que una fuerza interna, y obligada a congeniar con regresiones conservadoras de las que tardaremos años en reponernos.

Lo que hace la diferencia es que el PLD y su presidente Leonel Fernández no encarnan fundamentalmente a la derecha como lo habían hecho en épocas anteriores otros grupos políticos, por ejemplo el hoy desvencijado reformismo. Los distingue un pretendido abolengo tecnocrático. Se perciben a sí mismos -y quieren convencer de ello al resto de la sociedad- como un grupo selecto de personas de altas miras, predestinado a un nivel superior en la historia (el progreso y la modernidad) previniéndola, de paso, de sus vicios naturales.

Quieren ser de alguna manera lo que Ortega y Gasset denominaba “las minorías excelentes” en contraposición a “los hombres medios” que somos todos nosotros. De ahí que el presidente Fernandez prefiera ocuparse de los conflictos del Medio Oriente que de resolver los lamentables problemas que se producen en su gobierno. De ahí también que sienta una predilección fatal por  técnicos y teóricos de talla internacional, para que le digan lo que todo el mundo sabe y lo que los locales le podrían decir con mas detalles y de una manera más económica. Y de ahí también que sienta una aversión visceral  a debatir con sus contendientes nativos, porque, como dijo en el torneo electoral del 2008, “no  saben conceptualizar”, a pesar de que entre los opositores aludidos estaba Guillermo Moreno, un intelectual formado que en eso de conceptualizar aventaja con mucho al presidente.  
Pero hay varias diferencias entre la manera orteguiana de imaginar las élites y como está obligado a hacerlo el presidente dominicano.
Para Ortega y Gasset las “minorías excelentes” eran tipos ideales de élites caracterizados por el refinamiento y la invención, como al final él mismo se veía.  Y aún cuando repugne tal amaneramiento  de cúspides, no se puede obviar el valor de la distinción. Muy diferente a lo que le ocurre al presidente dominicano y su  “círculo interior”. Fernández carece de la sofisticación intelectual de Ortega, y no tiene entre sus discípulos a Julián Marías sino a Félix Bautista. Ortega disertaba desde una cátedra complutense y Fernández tiene que mal-gobernar un país del tercer mundo. Ortega imaginaba un parnaso. Fernández se revuelca en un estercolero.

Y es que el presidente dominicano está obligado a satisfacer demandas contradictorias que cada vez se incrementan más, y más aún cuando los demandantes perciben que podríamos estar al final de algo: las demandas de los sectores populares empobrecidos por un modelo económico concentrador del ingreso y de las clases medias liberales, que están pidiendo cada vez con mayor apremio y efectividad el disfrute de sus derechos existenciales; las demandas que provienen de la propia acumulación capitalista, en un contexto de empresarios que siempre hablan de libre mercado mirando para el estado; y  finalmente las demandas de sus propios allegados corruptos, que claman por más expropiación del tesoro público y más impunidad. Y el narco, no lo olvidemos, como telón de fondo.

La manera como el presidente cubre este déficit (diríamos que histórico) es practicando una fuga hacia adelante. Es decir, huir simulando avances, y argumentando, como la zorra respecto a las uvas, que están por debajo de él. Y para hacerlo recurre a descalificaciones verbales como son acusar a los que demandan cuestiones básicas sin las cuales nada funciona, que carecen de luz larga, que no entienden el progreso y que pierden la oportunidad de discutir lo importante, es decir lo que el mismo piensa que es importante. Un inmenso resbalón para un hombre que, aunque no es exactamente un teórico o un académico innovador, ha tratado siempre de mantener una presencia pública de cierta altura.  

Creo que de tanto oírse a si mismo y a sus sacristanes, el presidente Fernández ha perdido el sentido de su origen, y del origen del partido que lo ha llevado al poder. De tanto creer en el mito del New York Chiquito ha terminado ayudando a crear un infierno grande. De tanto codearse con figuras del jet set internacional, ha terminado confundiendo la escena con la vida. Y de tanto merodear a “consagrados” que a cambio del pasaje, un buen hotel y jugosos honorarios, son capaces de decirle al oído lo que el quiere oir, ha terminado creyendo que un país se puede gobernar como se administra a FUNGLODE.

Una cadena lamentable de desatinos por parte de un político joven y astuto que en algún momento  nos hizo creer que lo del progreso era cierto. Sin embargo, en términos de absoluto realismo político, no dudo que si el presidente logra poner orden en su partido vamos a tener otro mandato morado en el 2012, con él al frente o detrás. Y es así porque hasta el momento los candidatos que le han enfrentado han cometido dos errores.

El primero creer en su palabra, como le pasó a Vargas Maldonado en sus pomposos pactos políticos para aprobar la constitución, en los  que el presidente no mostró mucha honorabilidad pero sí mucha astucia. Y el líder del PRD no mostró ninguna de las dos cualidades.

Y el segundo, creer que pueden arrebatar al presidente su sitial de jefe de la derecha nacional. La sociedad dominicana vive un momento de intenso desencanto de la política oficial, al mismo tiempo que sus clases medias empiezan a probar suerte por caminos no trillados de la protesta ciudadana. La única opción que puede sacar al PLD y a Fernández del poder por la vía electoral en el 2012 sería una opción más a la izquierda, es decir más democrática, que debe comenzar por convocar a una constituyente que suplante el adefesio medieval que nos regalaron los legisladores “aterrorizados” de los poderes fácticos (según sus propias confesiones). Y que finalmente produzca una redistribución del ingreso en beneficio de las mayorías mediante la extensión  de los servicios sociales y la puesta en marcha de una política de empleo.  

Aún falta para las elecciones el tiempo suficiente como para que los vaticinios tiemblen. Pero más allá de ellas lo importante es que la sociedad dominicana ha comenzado a pensar seriamente en que hay un futuro mejor al que tiene derecho. Eso fueron las luchas contra la constitución medieval, contra el perdón a los banqueros desfalcadores y contra la concesión de la cementera. Eso es hoy la lucha por el 4% para la educación. Y será mañana para muchos otros temas vitales para el desarrollo nacional y que desafortunadamente están fuera de la discutible agenda del progreso y la modernidad que anima a los inquietos inquilinos del Palacio. 
7dias.com.do